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Al igual que la moda, los electrónicos cambian de estilo rápidamente y muchas veces los ingresos de las compañías que los producen dependen de vender los más “nuevos y avanzados” y a precios cada vez más asequibles.

Así como la ropa que utilizamos, eventualmente todos los teléfonos inteligentes, tabletas, cámaras y electrodomésticos se convertirán en desperdicio, y si tenemos en cuenta que la industria de consumo de electrónicos aumenta en una tasa del 6% anualmente, la demanda global continúa aumentando, mientras los sistemas de reciclaje se quedan atrás.

En la Unión Europea, líder mundial en reciclaje de residuos electrónicos, se reporta solo el 35% de ellos como adecuadamente recolectado y reciclado, mientras que, en el resto del planeta, el promedio es de un 20%.

El 80% restante no se reporta, y la mayoría termina enterrado bajo el suelo. Cabe destacar que los residuos electrónicos no son biodegradables y a la falta de reciclaje adecuado se le suma que cada vez los dispositivos son más pequeños y complejos, haciendo de la recuperación de sus materiales un proceso costoso.

También existe confusión y desinformación entre los consumidores en términos de cómo se deben manejar estos desechos. En muchos casos se tiran a la basura “normal” materiales que deberían ser separados tales como las baterías, las bombillas, los teléfonos inteligentes, los cables y las computadoras.

La falta de conciencia sobre cómo reciclar y la preocupación sobre la seguridad de los datos de los consumidores significa que hay grandes cantidades de residuos sentados en cajones, garajes, dormitorios y oficinas en todo el mundo esperando a ser atendidos.

Fuente : https://news.un.org/es/story/2019/04/1455621